martes, 10 de febrero de 2009
















viernes, 16 de enero de 2009


Si pudiera escapar de aquí por un instante, volverme ajena, mirarlo todo nomás por encimita. Ser etérea, no como un ángel o un hada, como algo mas mundano, como la que soy ahora pero sin cuerpo y sin lágrimas, sin tiempo, sin espacio, sin dolor, sin recuerdos y sin carencias. Sólo así vería las cosas en perspectiva, las ordenaría. Sólo entonces podría decidirme en volver o dejar de insistir.

miércoles, 14 de enero de 2009


En mi vida existen y cohabitan desde hace tiempo, desde que los niños dejaron de parecerme raros y comenzaron a parecerme lindos, dos hombres. El primero, que no necesariamente es su orden de importancia, lo llamaremos Julián y al segundo Armando.


Julián y Armando son patológicamente opuestos entre si. Como si avanzaran a la misma velocidad, al mismo tiempo pero en dirección contraria.


Primero voy a hablar de Armando, que aun cuando es y siempre ha sido segundo, su historia siempre ha sido la primera.


Armando es un hombre desde que lo conocí, cuando yo era una niña, y siempre se ha comportado como un hombre. El es de esas personas/personaje casi mítico totalmente irreal, pero sé que existe, al menos en mi historia. Capaz de hacer realidad los sueños de los demás aun sin conocerlos. El y yo pocas veces coincidimos en el mundo virtual, casi ninguna en espacios físicos y muchas en lo mágico. Con él todo ocurre ahí, en la magia, ahí mismo concurre, aun cuando pasen años sin concretar un encuentro real en el que no sólo convivamos en el mismo tiempo y espacio sin que lo sepamos. Armando tiene la facultad de hacerme feliz, en un instante llena vacíos gigantescos, pero los llena bien, lo necesario hasta la siguiente vez. La siguiente vez tan sólo llega, no es decisión nuestra.


En Julián por el contrario, no convergen ni la magia ni los sueños, no los de el y mucho menos los de otros. Con el todo siempre ha sido físico, en lo más burdo del término. El siempre está, sobre todo cuando no quiero que esté. Siempre. Mucho más cuando lo alejo. Sabe todo de mi, por donde ando, con quien me muevo y que tan sola estoy con esa persona. No se por que lo hace. Es el primero en todo, el más primero de todo lo primero. Nunca pidió mi consentimiento y yo nunca se lo negué. Es lo contrario a un sueño, pero no es una pesadilla. Si lo quiero no está, si lo necesito sí. Me toca las manos, la cara. El no se deja tocar, casi no se deja ver. Hablar, de eso nada. Pero ahí está. No creo querer que se vaya, pero no soporto que se quede.


En mi vida habitan y coexisten dos hombres desde que iba dejando de ser niña. Él primero y él segundo.

domingo, 11 de enero de 2009

El él

Cuando menos te fijas es cuando sueles encontrar algo que no buscabas. Así me paso con él. Un día en el que me dedicaba tan sólo a vivir de pronto ahí estaba como esperándome o yo esperándolo a él. Me gusta pensar que era él quien me esperaba. Hablamos y me pareció que tenía todas las respuestas. Siempre fue de una dulzura bastante ácida, supongo que por eso nos entendimos. A él sólo se le puede describir como uno de esos seres mágicos y/o míticos, que sólo aparecen si repites su nombre cierto número de veces, o si juntas los tacones de los zapatos, o si chasqueas los dedos, en fin así es él. Nunca ha estado realmente en mi vida, ni tampoco fuera de ella. Es el hombre de mis mil y una lunas que me mantiene viva con la esperanza del siguiente encuentro.

jueves, 8 de enero de 2009

Me gustan los días de fiestas masivas. Son como rituales llenos de gente que compra algún objeto festivo al caso para decorarse a si mismo y decoran sus casas y andan por ahí alegres contagiando la festividad. Luego vienen los amontonaderos, donde todos esperan estar en primer lugar como si se lo pudieran perder.
Supongo que el día que lo conocí no era festivo, aunque si había mucha gente. No recuerdo la fecha, pero si el lugar. Tampoco recuerdo el primer contacto, aunque sí tengo presente el resto de acercamientos, todos o casi. Es uno de esos fenómenos en que primero nos interesaba lo que el otro tenía que decir, más tarde lo que el otro planea hacer.
Un día cualquiera uno de los dos habla de planes en los que ya no está incluido el otro, mas que como discreto observador a distancia que celebra los éxitos y está pendiente en caso de haber lágrimas que limpiar. Pareciera entonces que lo que se vuelve solido para uno al otro lo vuelve frágil y lo hace temblar y hace que todo se mueve hacia adentro. Hace sentir muy mal el no sentirse bien por la felicidad ajena. Pero es que crecimos juntos tan desde siempre. Como si cada que volteara ahí estuviera y da miedo que ya no vaya a estar. Como si estuviéramos entrando al territorio extrañisimo de los adultos y solo uno de los dos es capaz de tomar decisiones de adulto y uno pareciendo que lo entiende solo le queda asumir en voz alta -lo entiendo, te apoyo, me hace feliz- pero se tambalea el piso.
No recuerdo el día que lo conocí pero recuerdo que me pareció una día de fiesta. Recuerdo el día en que me tambalee y era un día de fiesta aunque a mi no me lo pareció.

viernes, 2 de enero de 2009

haces falta


lunes, 15 de diciembre de 2008

A ti.

Sé que en nombre de las letras, o del morbo, sueles visitar mi blog. También sé que ahora no puedes. Este post es en honor a ti. En medio de la impotencia es quizá de lo poco que puedo hacer por ahora, dedicarte un post. Decirte que no veo el momento de volver a discutir contigo, a regañarte y que me regañes, a mandarnos al diablo y dejarnos de hablar, a ver chicos y moda en los aparadores, a lo que sea, silencios y ausencias. No veo el momento de preguntarme en silencio cómo estarás y responderme que seguro bien y buscándole.
Sé que todo va a estar bien, que esto es momentáneo y que tu también quisieras sentarte conmigo a ver pasar y a corregirme y a no hablarme. Sé que pronto todo volverá a ser como antes. Y quiero que sepas que rezo por vos.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Muy muy temprano- LFC fragmento

Hoy desperté y te odié más que nunca
porque te amé y me sentí un tarado.

martes, 4 de noviembre de 2008

Huyendo


Cuando mi primer novio terminó conmigo, quise cambiarme de escuela, todo me lo recordaría siempre. Crecí y tuve otro novio, afortunadamente no era de mi escuela, pero cuando terminamos quise cambiarme de ciudad. Con el tiempo el país también me estorbó. Cuando probé otro país, acabé no volviendo a ese país. El continente aún no me incomoda, pero conocí a alguien más. Ese alguien me regaló una noche la luna y un par de estrellas. Aun no consigo saber cómo dejar ésta galaxia.

domingo, 26 de octubre de 2008

Me encontró



Después de andarlo buscando durante mucho tiempo lo encontré. Fue un día de esos en que el sol salió por el oriente y mi despertador sonó 5 minutos antes de que el sueño se me terminara. Uno de esos días en que el desayuno no estaba en la mesa y las mascotas no habían comido aún. Fue un día que recuerdo porque desperté por el lado correcto de la cama. Igual que el resto de los días no tenía ropa limpia, así que saqué desde el fondo del closet la ropa que jamás me pongo, esa que uno usa cuando va al mar o de viaje o a algún lugar donde nadie conocido lo ve vestido así. Me vestí de verde, algo bueno debía pasar.

Salí a buscarlo y lo encontré. Ahí estaba, donde estuvo desde hace años, pero ese día lo busqué. Cuando salí de donde lo encontré le dije a quien me acompañaba que quizá lo había encontrado. Lo busqué, lo encontré y no me dí cuenta. Debí haberlo notado cuando me alcanzó en mi auto, cuando su primo además me preguntó en su nombre si tenía a alguien. No me dí cuenta.

Tampoco me dí cuenta cuando nos quedamos solos en la noche y comimos tamales gratis, ni cuando me llevó a mi casa y lo invité a pasar, ni cuando enterró mi gallina de guinea asesinada por mis perras, ni cuando me abrazó, ni cuando me beso, ni cuando al día siguiente a todo el mundo me presentó como suya, ni cuando lo intenté horrorizar con mi historia y me dijo que prefería morir en el intento. No me dí cuenta.

Si me hubiera dado cuenta, habría interpretado distinto cuando detuvo el coche en la madrugada solo para ver la luna salir, yo creí que me quería toquetear. Le habría abierto la puerta el día que tocó durante 2 horas y fingí no escuchar. Habría dicho sí cuando preguntó si quería tener un hijo con él. Seguro hubiera notado que tenía la capacidad de hacerme feliz y se lo habría permitido. Hubiera aceptado entonces conocer a su familia y amigos. Viajar con él, vivir con él, besarlo la última vez que lo intentó. Pero lo encontré y no me dí cuenta.

Si tan sólo los errores se pudieran corregir, si la vida me hubiera dado más tiempo, si ese día cuando volví de la escuela mi mamá no me hubiera dicho que murió. Si hubiéramos tenido más tiempo podría haberle dicho que lo encontré, aun cuando él siempre lo supo. Y aún entonces yo no lo sabía.

Lo supe hace poco cuando me empezó a hacer falta como amigo, como hombre, como pareja, como compañero de vida. Cuando después de muerto se encargó de darme mi lugar. Cuando ahora sus amigos se volvieron míos, su familia se detiene al verme y me hablan con respeto, y en silencio nos damos un abrazo que representa el dolor mutuo y la ausencia. Entonces me dí cuenta.

Al celebrar la unión de los amigos que ahora serían nuestros y jamás serán solo míos, al darme cuenta lo felices que seríamos, al no haber vuelta atrás. Finalmente me dí cuenta que lo encontré, y ya no está.

Me sigues demostrando que estás, que no te has ido, que me cuidas, pero no es mi tiempo aun. No sé si algún día voy a ser feliz, si me voy a reponer de tu partida y aun cuando lo único que quiero es volver a estar contigo, no es nuestro momento de volvernos a encontrar. Ya sé que te encontré y me encontraste, pero habrá que esperar para que nos volvamos a dar cuenta.