lunes 16 de noviembre de 2009

Quisiera considerar sobre la firme base de algo real. Cuando estabas ahí, aquí, eras tan real como la bruma. Ojalá ahora fueras igual de tangible.

domingo 15 de noviembre de 2009

Lo nuestro fue un poema. Uno de esos que se quedan guardados en el cuaderno de aritmética. De los que se escriben mientras despistamos al maestro para que crea que estamos entendiendo la lección. Esos que uno recuerda cuando por casualidad hojea la libreta antes de tirarla a la basura. De los que te hacen derramar una sola lágrima cuando lo vuelves a leer. Los que valen la pena como para arrancar la hoja de la libreta, doblarla y guardarla en la cajita de recuerdos, para leerlo sólo en días de hacer limpieza. De los que al cabo del tiempo optas por retomar o desechar. A fin de cuentas lo nuestro fue un poema.

sábado 14 de marzo de 2009

Dichos para SER


Dime con quien andas... La historia de las personas se pude contar por la gente que los rodea y todas las versiones acerca del mismo alguien. ¿Por dónde empezaría la mía? Quizá me convendría que todas las personas distinguidas que en al`´un momento han sido gentiles conmigo la contaran. Sería una mentira. No puedo pedirle a mis amigos del inframundo que hablen, esa sería una historia demasiado honesta, y hay quienes (la mayoría) no están listos para saber el cúmulo del todo de lo que soy. A mis iguales sería tan simple pedirles unas palabras para explicarme, sin embargo ellos no se sienten iguales a mi porque saben que en el fondo existe mi inframundo y mi lista interminable de gente bonita que me cuida, y aun no sé cuál les aterra más.


Lo que se ve... Soy una mujer común. Me visto bonito para salir, a veces me maquillo y gozo enormidades viéndome al espejo con mis jeans, mis tenis y esa enorme sudadera de tianguis que es mi favorita. Cuando me pongo falda para una ocasión especial suelo disfrutar como miran a través de las medias y por encima del tacón ese tatuaje que tengo en el tobillo derecho. Una mujer joven de clase media alta que se codea con cualquiera. También me satisfacen los pantalones muy a la cadera que dejan ver mi tatuaje del coxis. Pero las caras, lo que mas disfruto son las caras, a veces si me peino y me maquillo mucho y me subo en tacones, de los que rompen tobillos, y me hago peinados de salón y a veces, la mayoría, salgo tal y como me desperté y me siento muy linda y dispuesta a enfrentarlo todo.


Es de sabios... Dice mi abuelita que uno se debe arreglar para los demás más que para uno, que los demás son los que te ven todo el tiempo. No es que una sea descarada, ni aprovechada, pero una sabe cuando vestirse y para quien, como hablar, como moverse, que decir y en esencia sigo siendo la misma.


Siempre hay un roto... Él debe saberlo. No despierto con maquillaje y de ser posible lo evito aun ya bien despierta. Todos deben saber que hay días en que no soporto caminar de puntitas y que no dejo de ser princesa cuando me pongo el mameluco para dormir, aun cuando duerma acompañada. Que no dejo de ser yo por vestir Prada y que disfruto del Paloma Piccaso incluso cuando ando de short y huaraches. Sobre todo que mis tatuajes no se borran cuando uso vestido de noche y que los trajes sastres me parecen un tanto aburridos. Que me esfuerzo tanto para vestirme, que caí en cuenta que aun no estoy lista para un pantalón de vestir.

jueves 19 de febrero de 2009


Se me ha acusado severamente en distintas ocasiones de estar en mi pedestal apuntando con mi dedo señalador. No lo niego. Considero que la humildad es la virtud de los que no tienen otra. Sin embargo a veces me aventuro a bajar del pedestal y mezclarme. Es entonces cuando algún común se toma la atribución de lastimarme. El problema es que cada vez me cuesta mas subirme a mi pedestal, sobre todo con mi dedo señalándome.

martes 10 de febrero de 2009
















viernes 16 de enero de 2009


Si pudiera escapar de aquí por un instante, volverme ajena, mirarlo todo nomás por encimita. Ser etérea, no como un ángel o un hada, como algo mas mundano, como la que soy ahora pero sin cuerpo y sin lágrimas, sin tiempo, sin espacio, sin dolor, sin recuerdos y sin carencias. Sólo así vería las cosas en perspectiva, las ordenaría. Sólo entonces podría decidirme en volver o dejar de insistir.

miércoles 14 de enero de 2009


En mi vida existen y cohabitan desde hace tiempo, desde que los niños dejaron de parecerme raros y comenzaron a parecerme lindos, dos hombres. El primero, que no necesariamente es su orden de importancia, lo llamaremos Julián y al segundo Armando.


Julián y Armando son patológicamente opuestos entre si. Como si avanzaran a la misma velocidad, al mismo tiempo pero en dirección contraria.


Primero voy a hablar de Armando, que aun cuando es y siempre ha sido segundo, su historia siempre ha sido la primera.


Armando es un hombre desde que lo conocí, cuando yo era una niña, y siempre se ha comportado como un hombre. El es de esas personas/personaje casi mítico totalmente irreal, pero sé que existe, al menos en mi historia. Capaz de hacer realidad los sueños de los demás aun sin conocerlos. El y yo pocas veces coincidimos en el mundo virtual, casi ninguna en espacios físicos y muchas en lo mágico. Con él todo ocurre ahí, en la magia, ahí mismo concurre, aun cuando pasen años sin concretar un encuentro real en el que no sólo convivamos en el mismo tiempo y espacio sin que lo sepamos. Armando tiene la facultad de hacerme feliz, en un instante llena vacíos gigantescos, pero los llena bien, lo necesario hasta la siguiente vez. La siguiente vez tan sólo llega, no es decisión nuestra.


En Julián por el contrario, no convergen ni la magia ni los sueños, no los de el y mucho menos los de otros. Con el todo siempre ha sido físico, en lo más burdo del término. El siempre está, sobre todo cuando no quiero que esté. Siempre. Mucho más cuando lo alejo. Sabe todo de mi, por donde ando, con quien me muevo y que tan sola estoy con esa persona. No se por que lo hace. Es el primero en todo, el más primero de todo lo primero. Nunca pidió mi consentimiento y yo nunca se lo negué. Es lo contrario a un sueño, pero no es una pesadilla. Si lo quiero no está, si lo necesito sí. Me toca las manos, la cara. El no se deja tocar, casi no se deja ver. Hablar, de eso nada. Pero ahí está. No creo querer que se vaya, pero no soporto que se quede.


En mi vida habitan y coexisten dos hombres desde que iba dejando de ser niña. Él primero y él segundo.

domingo 11 de enero de 2009

El él

Cuando menos te fijas es cuando sueles encontrar algo que no buscabas. Así me paso con él. Un día en el que me dedicaba tan sólo a vivir de pronto ahí estaba como esperándome o yo esperándolo a él. Me gusta pensar que era él quien me esperaba. Hablamos y me pareció que tenía todas las respuestas. Siempre fue de una dulzura bastante ácida, supongo que por eso nos entendimos. A él sólo se le puede describir como uno de esos seres mágicos y/o míticos, que sólo aparecen si repites su nombre cierto número de veces, o si juntas los tacones de los zapatos, o si chasqueas los dedos, en fin así es él. Nunca ha estado realmente en mi vida, ni tampoco fuera de ella. Es el hombre de mis mil y una lunas que me mantiene viva con la esperanza del siguiente encuentro.

jueves 8 de enero de 2009

Me gustan los días de fiestas masivas. Son como rituales llenos de gente que compra algún objeto festivo al caso para decorarse a si mismo y decoran sus casas y andan por ahí alegres contagiando la festividad. Luego vienen los amontonaderos, donde todos esperan estar en primer lugar como si se lo pudieran perder.
Supongo que el día que lo conocí no era festivo, aunque si había mucha gente. No recuerdo la fecha, pero si el lugar. Tampoco recuerdo el primer contacto, aunque sí tengo presente el resto de acercamientos, todos o casi. Es uno de esos fenómenos en que primero nos interesaba lo que el otro tenía que decir, más tarde lo que el otro planea hacer.
Un día cualquiera uno de los dos habla de planes en los que ya no está incluido el otro, mas que como discreto observador a distancia que celebra los éxitos y está pendiente en caso de haber lágrimas que limpiar. Pareciera entonces que lo que se vuelve solido para uno al otro lo vuelve frágil y lo hace temblar y hace que todo se mueve hacia adentro. Hace sentir muy mal el no sentirse bien por la felicidad ajena. Pero es que crecimos juntos tan desde siempre. Como si cada que volteara ahí estuviera y da miedo que ya no vaya a estar. Como si estuviéramos entrando al territorio extrañisimo de los adultos y solo uno de los dos es capaz de tomar decisiones de adulto y uno pareciendo que lo entiende solo le queda asumir en voz alta -lo entiendo, te apoyo, me hace feliz- pero se tambalea el piso.
No recuerdo el día que lo conocí pero recuerdo que me pareció una día de fiesta. Recuerdo el día en que me tambalee y era un día de fiesta aunque a mi no me lo pareció.

viernes 2 de enero de 2009

haces falta